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Surge una nueva celebración o se mata una antigua tradición.

Es curios cómo nuestras tradiciones se construyeron sobre otras que ya estaban establecidas, nuestras culturas surgen de haber acabado con otras.

En esta ocasión traemos una historia que comienza por la celebración de los antiguos pueblos Celtas, quienes, al final de este mes, celebraban el final de la cosecha, el final del verano, que en gaélico es Samhain.

Esto hacían los celtas para recolectar y prepararse para el inicio del invierno, para no pasar carencias ni penurias.

Los celtas, creían que esta noche los muertos regresaban al mundo de los vivos y les dejaban algunos dulces, comida y fuego en diferentes formas para que encontraran el camino hacia la luz o para ahuyentar a los malos espíritus.

Esta noche de Samhain se hacían grandes rituales en ofrenda a los espíritus que otorgaban poder a los brujos celtas llamados druidas. En estos rituales se encendían carbones dentro de nabos huecos y se ofrecían alimentos.

Esta noche, al abrirse la puerta del más allá, los espíritus podían comunicarse con los vivos.

Era una noche donde convivían en armonía vivos y muertos, el final de una temporada y el inicio de otra, el final del año y el inicio del otro.

Después de la llegada de los Romanos algunas religiones paganas desaparecieron, sin embargo, la Religión de los druidas conservó un poco de su esencia en los nuevos rituales, así los nabos con carbones ardientes se convirtieron en calabazas con velas o luces en su interior, niños pidiendo dulces, representando a los espíritus que llegaban a casa de sus seres queridos para tomar alimentos llamándolo Halloween.

Posteriormente, la tradición cristiana transformó esta fecha en el Día de Todos los Santos que al paso del tiempo llega a ser de la noche del 31 de octubre al día 1 de noviembre y que cada cultura ha adoptado en diferentes formas. 

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