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Actitudes deleznables Vs. Actitudes valientes.

En redes sociales encontramos de todo, y desde ayer he encontrado diversos medios de comunicación que hablan de un video que circula por la red en la que se muestra un festival escolar.

Antes de comentarles el video y tema de este artículo, quisiera especificar que en México es muy común que cada celebración oficial (y no tan oficial), en los Colegios, principalmente de los niveles básicos como son kínder y primaria, se realicen “festivales” en los que los niños participan bailando, haciendo algunas representaciones y algunas veces -cada vez menos- declamaciones o lecturas de poesía o simplemente hablan sobre la relevancia del festejo.

En este sentido, muchos padres por cultura, religión o cualquier creencia se niegan a la participación de los niños, sin embargo, ¿qué sucede cuando es el menor el que no quiere participar?

Conforme a la Comisión Nacional de Derecho Humanos, entre los derechos de los niños está el derecho a la participación, y en este sentido no hacemos referencia a que participen en el festival, sino a que su opinión sea escuchada.

Antaño, creo que todavía le tocó a mi generación, los adultos nos decían a los niños, “tu cállate porque no sabes”, “no hables, es plática de mayores”, “retírense porque vamos a hablar los grandes”, muchas culturas consideran que los menores deben casi alabar a los adultos porque son quienes lo saben todo, mostrar respeto es un valor que indudablemente se tiene que inculcar, pero el respeto deberá ser igual de un menor hacia un adulto como del adulto hacia el menor, pues no es cuestión de edad sino de educación básica.

Así pues, conforme a lo establecido en UNICEF con referencia a los derechos de los niños, el Derecho a la Participación es permitir que los niños sean protagonistas de su propia vida, permitirles la participación, voz y voto en la toma de decisiones que les afectan.

“El derecho de la niñez a participar, a expresar su opinión y a ser escuchada implica un nuevo relacionamiento con los adultos, en el que éstos deben aprender a escuchar. Se deben generar nuevos espacios y fortalecer los canales de expresión existentes”.

Bien, pues habiendo expuesto lo anterior, retomaré el video, pues como decía, se puede observar un festival escolar donde varios niños están vestidos de negro y bailan al ritmo de una canción del género del reguetón, pero una peculiaridad justo al medio de la pantalla, está un pequeño que simplemente se mueve para quitarse del camino de sus compañeros que están bailando, pero él no baila, se mantiene de pie, dando oportunidad a que sus compañeros bailen. Se escucha en un primer plano la voz de una mujer que lo insta a bailar, a moverse, pero simplemente es ignorada, posteriormente se escucha la voz de otra mujer un poco más alejada del micrófono que igualmente lo anima a bailar y el niño se limita a mover la cabeza negándose a bailar.

Quizá la primer mujer sea la madre del pequeño, quizá la profesora, los detalles que me han llevado a sentarme a escribir sobre el tema son tres: en primer lugar, el niño se nota incómodo y molesto de estar ahí; el segundo, la frase con la que la mujer hace referencia a la falta de movimiento del menor, sea quien sea esta mujer, no puede utilizar ese tipo de vocabulario frente a menores si es uno de ellos quien se encuentra incómodo, simplemente no se habla así frente a ellos mucho menos si es su madre, quien se supone debería protegerlo y velar por su comodidad y estabilidad. ¿Cuál es la frase? Se han de preguntar, pues se escucha que la mujer gritar “Jesús, baila… no mames es el único que no está bailando”.

Finalmente, el tercer detalle que me enfadó y me llevó a hablar del tema son las risas de las mujeres.

Como ya dije, el niño debió ser tomado en cuenta y no expuesto de esta manera, pues si ellas se ríen de la actitud del niño, ¿quién no lo va a hacer? Como adultos, independientemente de si tenemos o no una relación de parentesco con cualquier menor, estamos obligados a velar por sus derechos, inclusive y aún más si son sus propios padres quienes están violando esos derechos.

Un detalle que he podido observar en las escuelas y colegios que llevan a cabo este tipo de prácticas es que realmente obligan bajo amenazas a los pequeños a participar.

Es deleznable la actitud de las personas que cometen estas acciones y quizá sea peor quienes las vemos y no hacemos nada.

¿Cómo pretendemos enseñar respeto a nuestros hijos si nosotros mismos no se los damos?, ¿cómo queremos que defiendan sus derechos si no les damos los conocimientos?, ¿cómo les enseñamos que tienen derechos si nosotros pasamos por encima de ellos?, ¿cómo hacerlos confiar si nosotros los agredimos de esa manera?

Quizá se piense que es exagerado llamar violencia a este acto tan cotidiano de burlarse de alguien, pero en algún momento se han sentado a pensar que el día de mañana este pequeño sufrirá de bullying porque hasta los adultos se burlaron de ti porque no bailabas, insisto, bajo la teoría de que la mujer era su madre, “hasta tu mamá se rió de ti por no bailar”.

¿Qué me espera si, quien me tiene que cuidar, provoca que me agredan?

En fin, es una situación, repito, deleznable y aberrante, no todos tenemos que actuar como el común, no todos tenemos que tener los mismos gustos, no todos tenemos que dejarnos llevar por la moda si no nos acomoda.

Es por todo esto que esta redacción dice ¡Felicidades Jesús! Si no quieres bailar, toma asiento y ve a los otros si te place o simplemente, ¡Quítate de ahí, no tienes porqué quedarte!

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