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43 normalistas, 42 periodistas ¿seguimos contando?

En la década de los 60’s alrededor del mundo hubo movimientos que resultaron en cambios importantes en las sociedades, cambios que no a todos resultaron de lo mejor.

La violencia ha sido una vorágine que ha tragado a la sociedad mexicana y que ha tenido sus eventualidades a través de las que la sociedad se ha visto golpeada y marcada.

En esta ocasión comenzaré un recuento de situaciones que, a la par, se han convertido en irregularidades continuas sin una clara explicación y, peor aún, sin solución ni explicación.

Retomando la década de los 60’s la primera de las eventualidades originadas por la violencia es el asesinato de 20 estudiantes, a manos del ejército, para acallar una protesta con la que se buscaba derrocar a un general.

En esta misma década, la matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco en el año de 1968, cabe señalar que este evento fue el mayor, sin embargo, meses antes se llevaron a cabo asesinatos de estudiantes por protestas en el mismo sentido. Represión es la palabra que destacará en estos asesinatos masivos.

Tres años después, en 1971, una manifestación en apoyo a la autonomía universitaria volvió a terminar en muerte, por represión. Una granada de un grupo paramilitar denominado “Los Halcones”, desde un helicóptero, cae en mitad de la manifestación, y a pie, golpes y desapariciones forzadas.

43 años después, en 2014, 43 normalistas fueron desaparecidos en circunstancias que, hasta el momento, a esta redacción y a muchos no han quedado claras.

Pero, desgraciadamente estos normalistas desaparecidos no son los únicos que marcan la historia de Ayotzinapa, pues en 2011, dos normalistas fueron asesinados, otros más heridos y un tanto más desaparecidos por protestas contra el director de la Institución.

Al día de hoy, la desaparición y confirmada muerte de tres estudiantes jaliscienses nos hacen retornar a estos eventos y reflexionar ante lo que quizá estamos haciendo mal como sociedad al dar el poder a quienes nos violentan.

En un paralelismo inaceptable, encontramos el aumento en los asesinatos contra periodistas, en este caso, podemos comenzar a hablar desde 1860, sin embargo, podemos considerar que de la década de los 70’s es cuando la violencia contra periodistas empieza su aumento y alcanza su máxima potencia en 2006.

Del año 1975 al 1979 podemos contabilizar 8 periodistas asesinados, la mayoría en el norte del país donde, a voz de radio pasillo, se ha sabido que había una gran movimiento y concentración de drogas y guerras entre bandas del narcotráfico.

En la década de los 80’s hablamos de 33 muertos y hasta el momento un desaparecido.

En los 2000 59 muertos y 10 desparecidos.

De acuerdo con las diferentes fuentes, en el año 2006 se dio un considerable incremento en la muerte de los periodistas, achacada a la iniciativa de combate al narcotráfico. Y justamente por este incremento asociaciones y medios solicitaron al gobierno se implementara una ley para protección a los periodistas, por lo que se aprueba la creación de la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y como derivado surge el Mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.

A Organización Civil Artículo 19 ha comenzado a documentar los asesinatos de periodistas y ataques a los derechos de libertad de prensa y libertad de expresión.

Ahora bien, de acuerdo con sus estadísticas hasta el pasado 21 de marzo, con el lamentable fallecimiento por asesinato del periodista Leobardo Vázquez en el periodo de 2012 al 2018 se cuentan 42 asesinatos y 1,986 eventos registrados contra prensa y medios de comunicación.

Reitero mi cuestionamiento anterior, en medio de campañas electorales, ataques entre candidatos y movimientos pagados, extorsiones y amenazas, ¿qué estamos haciendo mal?

Esta redacción busca tan sólo presentar hechos, no señalaré culpables, más de que los que son evidentes, lo realmente importante es formar criterios propios y sólo se harán desde un pensamiento analítico, obtenido a través del conocimiento, sí el que se adquiere en aulas, sí el que se adquiere desde la observación de la realidad, sí el que se adquiere de convivir con personas pensantes. De ese conocimiento que se adquiere con trabajo y que pocos buscan obtener, salir de la comodidad y el confort nos hará una sociedad fuerte para terminar con la violencia que nos hunde.

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